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ARTÍCULO
Cómo y por qué
conseguir la certificación Fogra de la norma ISO-12647
(14-01-2008)
El pasado mes de noviembre Procograf impartió, en el Gremio de Industrias Gráficas de Cataluña, una conferencia sobre cómo y por qué conseguir la certificación Fogra de la norma ISO-12647. La jornada corrió a cargo de Manuel Gómez Güemes, director general de Procograf; y José Luis Lechuga Fernández, exdirector general de Cayfosa Quebecor y delegado de Procograf en Cataluña.
Precisamente fue José Luis Lechuga el primero en comenzar la presentación manifestando que la finalidad de la reunión no era explicar en qué consiste un plan de Gestión y Estandarización del Color, sino en explicar qué debemos de hacer para conseguir la Certificación Fogra de la ISO 12647 en un taller de impresión.
En su opinión la pregunta clave es: ¿la implementación de un sistema de Gestión de Color, y la consecución de la Certificación de la ISO 12647, va a significar la solución a todos los problemas? La respuesta es sencilla: Rotundamente, no. Entonces, ¿por qué esta reunión?.

De izquierda a derecha: José Luis Lechuga Fernández,
exdirector general de Cayfosa Quebecor y delegado de Procograf en Cataluña
y Manuel Gómez Güemes, director general de Procograf
José Luis Lechuga explica: Desde principios de los años 90 se extendió por todo el país, y en todos los sectores, la necesidad de conseguir la certificación a la calidad ISO 9001 como prueba a la excelencia en la elaboración de un producto y las propias empresas establecían su techo máximo en función de sus posibilidades reales. En muchos casos la Certificación era el fin y no el medio.
La pregunta ahora es: ¿va a pasar lo mismo con esta nueva ISO 12647?. La realidad en los talleres gráficos ahora es que en la mayoría de los casos el control de color se reduce a una comprobación visual con la prueba de contrato proporcionada por el cliente. El densitómetro se utiliza muy poco y el control de balance de grises y de ganancia de punto se suelen hacer de forma que los resultados no son los deseados, continúa Lechuga.
En resumen, el operario no se puede entretener en el análisis científico de las diferencias que encuentra entre la prueba y su impresión, y decide pasarle el problema al jefe del taller; y éste, si conoce al cliente y su nivel de exigencia, tirara adelante; ó escalará el problema a otro nivel y no se llega a abordar el problema en su raíz ni para este ni sobre todo para los trabajos que se tengan que hacer en el futuro, dice el delegado de Procograf en Cataluña.
Según José Luis Lechuga, “debemos de ser capaces de controlar y reducir los cuatro enemigos mortales de la cuenta de resultados desde el punto de vista de la explotación industrial: las horas extras, las incidencias imprevistas, el mantenimiento y las averías. Y por otra parte, tenemos que controlar el color y ajustarlo científicamente a una prueba equilibrada que el cliente ha proporcionado y esto es precisamente lo que pretende la Certificación FOGRA”.
“Es decir, establecer criterios objetivos de valoración de una impresión correcta, intentar terminar con las discusiones entre la preimpresión, la imprenta y el cliente sobre quien tiene la culpa de las diferencias entre la prueba de color y la impresión final, y poder demostrar con exámenes colorimetricos que, tanto las curvas de ganancia de punto como las densidades, el trapping, el equilibrio de grises, la limpieza del punto etc.tc., están de acuerdo con la norma y con las tolerancias admitidas como correctas por las organizaciones técnicas de mayor prestigio, detalla José Luis Lechuga.
Todo esto se puede hacer siempre y cuando, las distintas variables que se producen en un taller antes de llegar a la famosa prueba de color estén perfectamente controladas .Y aquí puede estar la diferencia, dice este experto.
José Luis Lechuga concluye diciendo que el trabajo de Procograf no consiste simplemente en la implantación de un sistema de Gestión de Color sino en que ese sistema funcione porque previamente se han tenido en cuenta desde la recepción de los archivos digitales, su tratamiento, imposiciones, planchas, procesadoras, sistema de mojado, aditivos, cauchos, baterías, tintas, papeles, ambiente en el taller, mantenimientos, etc.
Razones para la certificación
Manuel Gómez, Director General de Procograf siguió la exposición dando razones de por qué llevar a cabo este trámite, ahora. En su opinión, las inversiones necesarias para poder competir, crecen de forma continuada, y, en consecuencia, también la capacidad instalada; pero el mercado no. Los precios, por su parte, siguen bajando (y seguirán) y hay fuertes amenazas de fuera de nuestras fronteras -y de dentro- Con el problema de que las novedades tecnológicas nos llevarán a seguir invirtiendo de forma constante, por lo que, irremediablemente, hay que evitar perder, sobre todo, tiempo. Pocas más herramientas quedan en nuestras manos.
Como el mercado no va a mejorar y vivimos en una época de inseguridad, hay que rentabilizar las inversiones; y si JDF ya es una realidad, a corto plazo, Manuel Gómez se pregunta por qué no estandarizar. De este modo se consigue que las herramientas hagan lo que esté previsto que hagan; y así, conseguir mejorar procesos y bajar costes: tener menos reclamaciones, repeticiones, arreglos…y hacer que los resultados se puedan predecir. Éste es el único modo, en su opinión, de poder competir -aunque el mercado nos lleve a la baja- ganando dinero.
Como Fogra es un estándar mundial, es la mejor vía para lograr este objetivo, ya que se trata de una Norma objetiva, a diferencia de otras; además de que es la que mayor impacto tiene en la calidad y los números de una imprenta, aunque no por sí sola. Más de 50 empresas reconducidas lo demuestran y también el hecho de que no haya ninguna experiencia previa negativa.
Esta norma no obliga a nada extraordinario, según Gómez. Si un taller trabaja de forma adecuada, estará dentro de ella. Es verdad que ha habido experiencias negativas, a pesar de que las inversiones hayan sido notables y las herramientas buenas, pero ha podido haber pobres resultados; o buenos, pero poco duraderos; es más una cuestión de experiencia y de saber diferenciar entre herramienta y oficio que de conocimiento del último programa para generar perfiles de color.
Manuel Gómez realiza un inciso en su exposición para precisar una definición –informal- para un pliego impreso y su color: “Es la consecuencia de un amontonamiento, más o menos ordenado, de puntos coloreados, sobre una superficie más o menos teñida, lisa y absorbente; y, todo ello, sobre un soporte con características físico-químicas capaces de alterar, de forma tremenda, la figura, tono y orden de los puntos, utilizando líquidos, planchas, cauchos, rodillos metálicos y recubiertos, conectados entre sí de mil maneras, con casi infinitas configuraciones”.
Metodología
Aceptado algo tan “gráfico”, Gómez se pregunta por qué se nos olvida lo que ya sabemos, de impresión, y nos empeñamos en circunscribir el problema del color a pantallas, ordenadores y programas. Y por qué no empezamos por estudiar las razones por las que esos puntos impresos, en la máquina offset de siempre (con las mejoras que la tecnología aporta), dan uno u otro resultado. Para empezar, hay que conseguir, al menos, dos cosas: disponer de las herramientas apropiadas para medir, y el conocimiento suficiente para interpretar y corregir.
Ante esta realidad, ¿qué se suele hacer?. Según Gómez, depende de si se quiere ir hacia estándares ISO o crear uno propio; en general, corregir, en el RIP, las desviaciones del %, imprimir un archivo de 1485 parches, generar un perfil .ICC, instalarlo en un RIP de pruebas y, seguramente, conseguir un resultado espectacular.
Pero lo cierto es que esto, en la mayor parte de los casos analizados, no puede ser estable; por eso, hay que investigar las relaciones entre todos los elementos que interactúan en la impresión. Hay que corregir el proceso y tener en cuenta que no todas las combinaciones son válidas para todas las máquinas ni para todos los lugares, dice Gómez.
Como ejemplo, menciona algunos errores: aditivos concebidos para trabajar sin IPA, haciéndolo con el 10%; sistemas de ósmosis inversa instalados en zonas de aguas blandas, y en otras, durezas imposibles; combinaciones tinta-aditivo que sólo funcionan correctamente en máquinas concretas; planchas que necesitan “un cubo” de agua para poder imprimir, etc.
En definitiva, según Gómez: hay demasiados cambios de estos elementos al juicio, muchas veces, de una sola persona. La típica “prueba”, pero sin criterios objetivos para generar planchas, pruebas, para imprimir… Sin embargo, la mayor parte de las veces, sí hay aparatos, pero no se usan. O no se sabe bien para qué.
Como resumen, afirma que la primera labor consiste en analizar la realidad industrial de la empresa, los resultados de la forma normal de imprimir, los métodos y tiempos, los resultados objetivos…para corregir desviaciones, todas ellas; y dejar el taller en las mismas condiciones que hubiéramos querido hace diez años, si hubiéramos podido/sabido.
Gómez concluye diciendo que con “esos deberes hechos”, instalar lo que llaman Gestión de Color es fácil, seguro, y puede durar. Y, si hay CIP 3/4, el primer pliego ya debe valer, y sólo por eso ya se han mejorado cifras y ha merecido la pena la inversión.. En esas condiciones, ya se puede pensar en certificar, por Fogra, en la ISO 12647-2.
El examen para su obtención consta de cinco partes: Gestión y control del color; Pruebas, simulando dos tipos normalizados de papel; Planchas; Ajuste de máquina; y Tirada (5000 hojas, en plana, y 10.000 en rotativa). Las pruebas se realizan en el propio taller y en los laboratorios de Fogra y BVDM y las lleva a cabo, en el taller, el partner reconocido por Fogra, en este caso Procograf.
Más información: www.procograf.com